30 de abril, 1993. Tenía 16 años casi-recién cumplidos y tenía 2 meses de haberme cambiado de casa. Un amigo de mi hermano, 3 o 4 años mayor que yo –un hombre mayor– me había invitado a un concierto en el Palacio de los Deportes, el último concierto de Caifanes antes de que Sabo y Diego abandonaran el grupo –último concierto antes que decidieran entrarle a la lucrativa onda de los re-encuentros.
Mi primer concierto de verdad.
Llegué al Palacio enfundada en mis mejores galas –jeans negros y playera amarilla con algún dibujo, sí, esas eran mis mejores galas,
poor me.
Entramos y esperamos, esperamos y platicamos, platicamos y nos quedamos callados cuando apagaron las luces. La inexperiencia de los años me hizo suponer que Caifanes ya salía a escena.
Donde esperaba ver a Saúl vi a una mujer. Vi a Rita salir y cantar con una voz impresionante y me cautivó; me cautivó su fuerza, esa seguridad en el escenario que no disminuía ante los que gritaban "que se encuere, que se encuere".
Aunque antes ya había oído a Santa Sabina, ese día me hice fan.
Fast forward unos 5 años después: La Universidad, últimas semanas del trimestre. Estas semanas son las más atareadas especialmente para una procrastinadora como yo. Ese viernes era la última oportunidad de entregar el rediseño de la portada de un libro para Operativo y mientras yo trabajaba apresuradamente en la portada de "El tercer ojo" en un salón, alguien entró a avisar que cerrarían la escuela temprano "por motivos de seguridad".
Esos motivos de seguridad eran los asistentes a un concierto en el deportivo que está enfrente de la escuela.
Después de ir y venir buscando un lugar donde imprimir, regresé a la escuela para encontrarme con la noticia de que el maestro ya se había ido pero recibiría mi trabajo el lunes, así que sin preocupaciones me lancé al deportivo.
Tocaron varios grupos pero el que a mí me interesaba era el último, Santa Sabina.
Grité, bailé y sobre todo canté. Babel y el MTV Unplugged eran de mis discos favoritos en ese entonces así que fui feliz.
Unos 8 años después, yo trabajaba –demasiado– en aquel trabajo que lo único bueno que me dejó fue a Lyn. Y precisamente con Lyn fui a un concierto una tarde/noche de sábado al Claustro de Sor Juana.
Por aquellos días yo ya no cantaba en ningún coro pero seguía amando la música del renacimiento, barroca, clásica... *sigh* Ensamble Galileo se presentaba para promocionar su nuevo disco "Una pieza de fuego".
En ese entorno y con ese acompañamiento la voz de Rita tomó otras dimensiones, se apreciaban unos matices que en las otras ocasiones en que la vi cantar en vivo no noté. Para mi fue una noche mágica donde se me puso la piel chinita y me emocioné con su voz.
Doce años habían pasado desde aquel concierto en el Palacio y me maravillé tanto como la primera vez. Y ahora, a poco más de 6 meses de su muerte aún sigo emocionándome con su voz.
2 comments:
yo vi a santa sabina en un concierto que organizamos en la prepa pa juntar lana pa la graduacion... y si. ese dia me enamore de la voz de rita...
Sí, así era su voz, amor a primera oída :)
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