Llevo varios años escribiendo este post acerca de mi complejo de Justine y todavía no lo puedo acabar. Me acordé de él porque hace poco alguien llegó al blog con esa búsqueda así que me decidí a terminarlo de una vez.
Mi complejo toma su nombre de la bella y sufrida Justine del Marqués de Sade, esa que tiene altas cualidades morales y hace el bien sin mirar a quien y termina padeciendo infortunios, vamos, como quien dice, el karma no aplica con ella.
Hace algunos años esa parecía ser mi suerte, guardando todas las proporciones claro está, así que decidí bautizar mi situación como complejo de Justine. En este momento la memoria me falla y no puedo mencionar un ejemplo específico pero de que hubo injusticias, las hubo.
Lo curioso, y lo que finalmente hizo que escribiera este post, es que de un tiempo para acá ya no tengo este sentimiento. Tal vez me cansé del papel de heroína sufrida o el karma está aplicando y en este momento se me retribuye por todas las injusticias del ayer. El caso es que en estos momentos examino mi vida y no encuentro nada que no sea resultado directo de mis acciones o decisiones.

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