Llevo varios años escribiendo este post acerca de mi complejo de Justine y todavía no lo puedo acabar. Me acordé de él porque hace poco alguien llegó al blog con esa búsqueda así que me decidí a terminarlo de una vez.
Mi complejo toma su nombre de la bella y sufrida Justine del Marqués de Sade, esa que tiene altas cualidades morales y hace el bien sin mirar a quien y termina padeciendo infortunios, vamos, como quien dice, el karma no aplica con ella.
Hace algunos años esa parecía ser mi suerte, guardando todas las proporciones claro está, así que decidí bautizar mi situación como complejo de Justine. En este momento la memoria me falla y no puedo mencionar un ejemplo específico pero de que hubo injusticias, las hubo.
Lo curioso, y lo que finalmente hizo que escribiera este post, es que de un tiempo para acá ya no tengo este sentimiento. Tal vez me cansé del papel de heroína sufrida o el karma está aplicando y en este momento se me retribuye por todas las injusticias del ayer. El caso es que en estos momentos examino mi vida y no encuentro nada que no sea resultado directo de mis acciones o decisiones.
Thursday, July 02, 2009
Wednesday, May 13, 2009
can't take my eyes off you

Quiero presentar oficialmente al mundo virtual a mi bebé adorado.
Se llama Christian y nació el 21 de abril poco después de la 1 de la mañana. Midió 52 cm y pesó 3.300 kg.
Como es de esperarse, Lyn y yo estamos encantados con él y acá entre nos, yo me confieso completamente enamorada. Sí, lo admito, con él me derrito y soy lo más cursi que existe en el mundo.
No lo había presentado antes porque... no teníamos nombre para él y luego hubo unos pequeños inconvenientes de los que ya platicaré más adelante junto con un par de posts "embarazosos"
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A Life all Mine,
Feelings,
Sweet Child o' Mine
Wednesday, December 10, 2008
Lice
Tengo varios posts pendientes y justo estaba a punto de escribir uno acerca de la vecina de escritorio pero como ella parece que va a dar para muchos posts mejor recordaré una anécdota infantil a propósito de una noticia que vi hoy en la tele.
En la noticia hablaban de un nuevo brote de piojos entre los niños. Todo esto me hizo recordar mis tiernos años de primaria cuando yo tenía un corazón grande grande, inocente y dispuesto a acudir prontamente al auxilio de los desvalidos.
Tendría yo unos 6 años y una cabellera que haría palidecer de envidia a Rapunzel... bueno, no tanto pero sí era bonita, abundante y laaarga. En mi salón había una niña que todos llamaban Mariana-la-piojosa, así, de corridito, todas las veces que alguien la nombraba, sin excepción decía Mariana-la-piojosa. No recuerdo mucho de ella, salvo que tenía una hermana en primer año y que las dos olían "raro".
Ni siquiera puedo decir cuántos años tomamos clases en el mismo salón pero sí sé que en algún momento yo me compadecí de ella después de verla llorar por no tener amigos y básicamente pasar sola todo el día. Aquí es donde entró en acción mi corazón de pollo y decidí —¿por qué no?— ser su amiga. Como dije, no recuerdo mucho de esa amistad, sólo sé que la pobre Mariana-la-piojosa aceptó mi amistad alegremente y por algunos días no se sintió tan sola.
Luego de algunos días, mi mamá, que no tiene modos muy tiernos y delicados, mientras me peinaba me dio un jalón en el cabello y me dijo: "quédate quieta", acto seguido llamó a mi tía Lulú para preguntarle si sabía que eran esas criaturas extrañas que acampaban en mi cabezota. Sí, efectivamente, eran piojos.
*pausa dramática*
"¡¿Cómo pudo suceder esto?!" "P-p-pero si se baña todos los días" "¿En qué nos equivocamos?" fueron algunas de las cosas que mis papás se preguntaban rascando sus cabezas sin piojos sin poder adivinar como mis nuevos inquilinos habían llegado ahí. La respuesta no tardó mucho ya que mi prima Ari soltó la sopa acerca de mi nueva amistad.
Mis papás compraron un peine de dientes muy muy pegaditos y lo pasaban por mi cabello infinidad de veces todos los días, varias veces al día. Todo eso sin dejar de repetirme "NO le digas a nadie!"... digo, no necesitábamos que se me cambiara el nombre a Satrina-la-piojosa.
Obviamente mi amistad con Mariana-la-piojosa se extinguió, no así el legado que dejó en mi cabello, que aparentemente resultó ser un paraíso para los piojos. Después de mucho jaloneo capilar, mis papás llegaron a la conclusión de que sólo había 2 soluciones posibles: cortar el cabello lo más corto posible y volver a empezar de cero o iniciar una guerra química.
Como mi mamá no estaba dispuesta a perder más de medio metro de cabello que tan arduamente habíacultivado cuidado optaron por la segunda opción. Mi papá compró en la farmacia un shampoo —Her-Klin creo que era el nombre— y después de 3 mágicas aplicaciones el maleficio había acabado.
Moraleja: los niños son crueles pero mentirosos no, Mariana-la-piojosa sí tenía piojos.
En la noticia hablaban de un nuevo brote de piojos entre los niños. Todo esto me hizo recordar mis tiernos años de primaria cuando yo tenía un corazón grande grande, inocente y dispuesto a acudir prontamente al auxilio de los desvalidos.
Tendría yo unos 6 años y una cabellera que haría palidecer de envidia a Rapunzel... bueno, no tanto pero sí era bonita, abundante y laaarga. En mi salón había una niña que todos llamaban Mariana-la-piojosa, así, de corridito, todas las veces que alguien la nombraba, sin excepción decía Mariana-la-piojosa. No recuerdo mucho de ella, salvo que tenía una hermana en primer año y que las dos olían "raro".
Ni siquiera puedo decir cuántos años tomamos clases en el mismo salón pero sí sé que en algún momento yo me compadecí de ella después de verla llorar por no tener amigos y básicamente pasar sola todo el día. Aquí es donde entró en acción mi corazón de pollo y decidí —¿por qué no?— ser su amiga. Como dije, no recuerdo mucho de esa amistad, sólo sé que la pobre Mariana-la-piojosa aceptó mi amistad alegremente y por algunos días no se sintió tan sola.
Luego de algunos días, mi mamá, que no tiene modos muy tiernos y delicados, mientras me peinaba me dio un jalón en el cabello y me dijo: "quédate quieta", acto seguido llamó a mi tía Lulú para preguntarle si sabía que eran esas criaturas extrañas que acampaban en mi cabezota. Sí, efectivamente, eran piojos.
*pausa dramática*
"¡¿Cómo pudo suceder esto?!" "P-p-pero si se baña todos los días" "¿En qué nos equivocamos?" fueron algunas de las cosas que mis papás se preguntaban rascando sus cabezas sin piojos sin poder adivinar como mis nuevos inquilinos habían llegado ahí. La respuesta no tardó mucho ya que mi prima Ari soltó la sopa acerca de mi nueva amistad.
Mis papás compraron un peine de dientes muy muy pegaditos y lo pasaban por mi cabello infinidad de veces todos los días, varias veces al día. Todo eso sin dejar de repetirme "NO le digas a nadie!"... digo, no necesitábamos que se me cambiara el nombre a Satrina-la-piojosa.
Obviamente mi amistad con Mariana-la-piojosa se extinguió, no así el legado que dejó en mi cabello, que aparentemente resultó ser un paraíso para los piojos. Después de mucho jaloneo capilar, mis papás llegaron a la conclusión de que sólo había 2 soluciones posibles: cortar el cabello lo más corto posible y volver a empezar de cero o iniciar una guerra química.
Como mi mamá no estaba dispuesta a perder más de medio metro de cabello que tan arduamente había
Moraleja: los niños son crueles pero mentirosos no, Mariana-la-piojosa sí tenía piojos.
Saturday, July 19, 2008
Once Upon a Time...
Hace mucho tiempo, yo bloggeaba y bloggeaba hasta que entré a trabajar a una escuela de inglés de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Qué tiene que ver esto con mi sabático bloggeril? Todo, porque es muy difícil encontrar tiempo para bloggear cuando dicho trabajo consumía 15 horas de mi día... sin considerar el tiempo empleado para calificar exámenes.
Ahora soy una alegre desempleada que ocupa su tiempo en...
...
...
...honestamente no sé en que se me han ido los últimos días pero a fuerza que algo he de hacer.
Una de mis actividades es volver a tener vida y no, no es que fuera yo un ser inanimado –solamente lo aparentaba pero no era...–, sino que estoy recuperando mi vida personal que estaba completamente abandonada.
Ahora, cual reo recién liberado, Lyn y mis apás me invitan a todos lados, dicen que para desquitarse por todo lo que sufrieron mi ausencia y yo disfruto esta libertad de saber que soy dueña de mis horas :D
Ahora soy una alegre desempleada que ocupa su tiempo en...
...
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...honestamente no sé en que se me han ido los últimos días pero a fuerza que algo he de hacer.
Una de mis actividades es volver a tener vida y no, no es que fuera yo un ser inanimado –solamente lo aparentaba pero no era...–, sino que estoy recuperando mi vida personal que estaba completamente abandonada.
Ahora, cual reo recién liberado, Lyn y mis apás me invitan a todos lados, dicen que para desquitarse por todo lo que sufrieron mi ausencia y yo disfruto esta libertad de saber que soy dueña de mis horas :D
Friday, October 26, 2007
Tonight's Music

Si algo malo tiene el desempleo es que pierdo la capacidad de asistir a conciertos y comprar discos y más discos –bueno, tiene muchas cosas pero esta es de las dolorosas.
Como ahora soy toda un mujer trabajadora –post próximamente– decidí darme un premio y el mes pasado después de una larga sequía en asistencia a conciertos fui al de Katatonia en el Circo Volador.
Llegué un poco tarde porque me entretuve en el trabajo pero afortunadamente sólo me perdí 3 canciones. Cosa extraña es que el concierto no fue en el escenario grande sino en un escenario chiquito en el vestíbulo del Circo así que aunque no fue tanta gente el lugar estaba llenísimo. Claro que esto no fue problema porque gracias a mis habilidades para movilizarme no me costó mucho trabajo llegar casi hasta adelante.
Ya en pleno concierto me encontré casualmente brincando junto a Kain –viejísimo amigo al que tenía años de no ver– y al final del concierto me encontré al buen Essex –quien por cierto hizo un trabajo excelente con la reseña y el setlist del concierto– y a Carlos, un amigo de la Uni al que también tenía años de no ver.
Este post lo estaba escribiendo desde el mes pasado y apenas hoy me di tiempo para terminarlo pero ahora sí prometo aprovechar mis ratillos libres para escribir porque sé que ustedes mueren de ganas de saber que ha sido de mi vida :D
Sunday, September 30, 2007
Tuesday, August 07, 2007
Underground
Para mis traslados habituales generalmente -e inexplicablemente- tomo taxi pero para los viajes más largos uso el metro. Ahora voy a descubrir el hilo negro: el metro tiene cosas buenas y cosas malas -oooooh!-; entre las buenas menciono que te transporta grandes distancias sin pagar grandes cantidades, llega a muchos lugares, los conductores de metro no conducen despacito para ver si encuentran más pasaje...
Lamentablemente el metro también tiene sus cosas malas, una gran parte de esos puntos malos son casi 100% adjudicables a los usuarios y de esas no hablaré en este post. En esta ocasión prefiero hablar de los otros puntos malos que pude experimentar en días pasados viajando en el gusanito naranja, esos que son responsabilidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro y de nadie más.
El miércoles pasado tuve que aventurarme en terrenos desconocidos -léase la línea 4 que nunca había usado- pero primero lo primero. Cuando sé que voy a utilizar algo más que la acostumbrada línea 3 trato de revisar el mapa del metro con anticipación para saber exactamente la ruta que tomaré así es que desde la noche anterior tenía preparada mi ruta: Politécnico - Consulado - transbordar a línea 4 - Santa Anita - transbordar a línea 8 - Coyuya - fin.
Después de una lluviosa noche llegué al metro en la mañana, bajé las empapadas escaleras de Politécnico, saqué mi boleto y pasé el torniquete, el piso de esa área se veía un poco mojado, algo extraño si consideramos que en ese punto estoy bajo techo, tal vez todos sacudieron sus paraguas en este lugar -pensé. Subo las escaleras rápido -como acostumbro cuando llevo prisa- y al tratar de esquivar un charco enorme en unos escalones... azoté.
Así es, azoté, no tan feamente digo yo, si consideramos los escalones empapados y el tacón de mis botas, golpeándome en la rodilla izquierda y el pulgar de la mano derecha. Dos tipos corrieron a tratar de levantarme -como si no acabaran de ver lo malo que es correr en escaleras mojadas- pero llegaron demasiado tarde porque la vergüenza ya me había levantado. Uno de ellos preguntó: ¿estás bien? justo cuando me iba a sobar mi rodillita, contesté que sí y para no mostrar debilidad guardé la sobada para después.
Llegó el metro y el tipo que me había preguntado si estaba bien se subió al mismo vagón que yo así que tampoco pude hacerle cariñitos a mi rodilla. Bajé en la estación de Consulado muy decidida a transbordar dejando el penoso incidente detrás cuando me di cuenta que por ningún lado había señalamientos para transbordar; había pasillos laaargos laargos y escaleras varias pero señalamientos no así que me sucedió lo que siempre trato de evitar, puse mi cara de mensa mientras pajareaba intentando adivinar el camino.
Finalmente tuve que preguntarle a un amable señor que pasaba por ahí el camino a seguir, caminé y caminé -porque es un transbordo muy largo- y al final de un pasillo subí a unas escaleras eléctricas. Ya iba a media escalera cuando noté que había dos escaleras más y yo ni me había fijado en cual me subí. Afortunadamente era la correcta. El resto del camino fue más fácil, salvo que cuando me bajé en la estación Coyuya me norteé y en lugar de tomar la salida sur tomé la salida norte -claramente no era mi día- pero rectifiqué a tiempo y sólo tuve que cruzar una avenida para corregir el camino.
Ahora mis reclamos, ya sé que yo iba con prisa pero no me explico:
¿por qué pasillos, escaleras y andenes en la estación Politécnico están mojados como si no hubiera un techo que los protegiera? he notado que en varias estaciones hay goteras pero en esta estación o no les importa o quieren recrear el look de balneario.
¿por qué si vas de la línea 4 a la línea 5 sí tienes señalización que indica a dónde te diriges pero si vas de la línea 5 a la 4 no tienes más señales que las que te dicen de dónde vienes? aquí se me ocurren dos opciones:
Opción A: en todos los pasillos hay cámaras y un ser superior -porque su oficina seguro está en la parte de arriba- se divierte observando a la gente actuar como ratas en laberinto.
Opción B: el metro quiere brindar un servicio a la comunidad intentando ayudar a la gente a desarrollar la percepción extrasensorial, nada como unos pasillos sin señales para desarrollar la clarividencia y la precognición.
Lamentablemente el metro también tiene sus cosas malas, una gran parte de esos puntos malos son casi 100% adjudicables a los usuarios y de esas no hablaré en este post. En esta ocasión prefiero hablar de los otros puntos malos que pude experimentar en días pasados viajando en el gusanito naranja, esos que son responsabilidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro y de nadie más.
El miércoles pasado tuve que aventurarme en terrenos desconocidos -léase la línea 4 que nunca había usado- pero primero lo primero. Cuando sé que voy a utilizar algo más que la acostumbrada línea 3 trato de revisar el mapa del metro con anticipación para saber exactamente la ruta que tomaré así es que desde la noche anterior tenía preparada mi ruta: Politécnico - Consulado - transbordar a línea 4 - Santa Anita - transbordar a línea 8 - Coyuya - fin.
Después de una lluviosa noche llegué al metro en la mañana, bajé las empapadas escaleras de Politécnico, saqué mi boleto y pasé el torniquete, el piso de esa área se veía un poco mojado, algo extraño si consideramos que en ese punto estoy bajo techo, tal vez todos sacudieron sus paraguas en este lugar -pensé. Subo las escaleras rápido -como acostumbro cuando llevo prisa- y al tratar de esquivar un charco enorme en unos escalones... azoté.
Así es, azoté, no tan feamente digo yo, si consideramos los escalones empapados y el tacón de mis botas, golpeándome en la rodilla izquierda y el pulgar de la mano derecha. Dos tipos corrieron a tratar de levantarme -como si no acabaran de ver lo malo que es correr en escaleras mojadas- pero llegaron demasiado tarde porque la vergüenza ya me había levantado. Uno de ellos preguntó: ¿estás bien? justo cuando me iba a sobar mi rodillita, contesté que sí y para no mostrar debilidad guardé la sobada para después.
Llegó el metro y el tipo que me había preguntado si estaba bien se subió al mismo vagón que yo así que tampoco pude hacerle cariñitos a mi rodilla. Bajé en la estación de Consulado muy decidida a transbordar dejando el penoso incidente detrás cuando me di cuenta que por ningún lado había señalamientos para transbordar; había pasillos laaargos laargos y escaleras varias pero señalamientos no así que me sucedió lo que siempre trato de evitar, puse mi cara de mensa mientras pajareaba intentando adivinar el camino.
Finalmente tuve que preguntarle a un amable señor que pasaba por ahí el camino a seguir, caminé y caminé -porque es un transbordo muy largo- y al final de un pasillo subí a unas escaleras eléctricas. Ya iba a media escalera cuando noté que había dos escaleras más y yo ni me había fijado en cual me subí. Afortunadamente era la correcta. El resto del camino fue más fácil, salvo que cuando me bajé en la estación Coyuya me norteé y en lugar de tomar la salida sur tomé la salida norte -claramente no era mi día- pero rectifiqué a tiempo y sólo tuve que cruzar una avenida para corregir el camino.
Ahora mis reclamos, ya sé que yo iba con prisa pero no me explico:
¿por qué pasillos, escaleras y andenes en la estación Politécnico están mojados como si no hubiera un techo que los protegiera? he notado que en varias estaciones hay goteras pero en esta estación o no les importa o quieren recrear el look de balneario.
¿por qué si vas de la línea 4 a la línea 5 sí tienes señalización que indica a dónde te diriges pero si vas de la línea 5 a la 4 no tienes más señales que las que te dicen de dónde vienes? aquí se me ocurren dos opciones:
Opción A: en todos los pasillos hay cámaras y un ser superior -porque su oficina seguro está en la parte de arriba- se divierte observando a la gente actuar como ratas en laberinto.
Opción B: el metro quiere brindar un servicio a la comunidad intentando ayudar a la gente a desarrollar la percepción extrasensorial, nada como unos pasillos sin señales para desarrollar la clarividencia y la precognición.
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